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- Publicado: Lunes, 24 Febrero 2014 00:12
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Escuelitas pelotaris: Los 11 errores de los padres
La mayoría de padres y madres da mucha importancia al FUTURO DEPORTIVO y aspira a convertirlos en jóvenes brillantes. Pero no siempre tienen claro su papel en el aprendizaje del mismo y a menudo adoptan conductas erróneas para la EDUCACIÓN DEPORTIVA de su hijo.
En la sociedad actual se concede mucha relevancia a la formación y a las clasificaciones en la FORMACIÓN DEPORTIVA, se ve a su primogénito como el “salvador” de la comodidad familiar, cuando el joven no posee inclinaciones para el estudio, a menudo se relaciona la implicación y actuación de los padres en los deportes de sus hijos con los resultados que estos obtienen. La consecuencia es que muchos padres y madres se vuelcan en la EDUCACIÓN DEPORTIVA de sus hijos e invierten en ella ingentes cantidades de dinero, tiempo y emociones y en mayoría solicitando subsidios o préstamos que no podrá cumplimentar. Sin embargo, los resultados no siempre son los esperados, como evidencian las elevadas tasas de fracaso. Según los expertos en deportes, la ausencia de recompensa a tanto esfuerzo a menudo tiene que ver con la desorientación de los padres sobre cuál ha de ser su papel en el aprendizaje de los hijos, que les lleva a cometer errores que lastran su educación.
En unos casos son conductas que no tienen que ver específicamente con el deporte en cuestión, sino con el estilo educativo de la familia, con comportamientos tan recurrentes a la hora de educar como la sobreprotección, la falta de límites, la negatividad o los malos ejemplos, a los que se hacía referencia en Los 11 errores más comunes de los padres. Pero otros fallos muy reiterados están relacionados con el desconocimiento de la respuesta más adecuada a preguntas como: ¿Han de practicar y entrenar los padres con sus hijos? ¿Ayudarles con las actividades deportivas? ¿Conocer el reglamento del CODIGO PELOTARI? ¿Revisar y corregir la conducta de su hijo, tanto en entrenamientos como en los campeonatos? ¿Premiar los triunfos? ¿Poner trabajo físico si el profe exige poco? ¿Buscar profesores capacitados y no los oportunistas? ¿Controlar sus agendas de confrontaciones? ¿Hablar con el profesor? ¿Estimularles con actividades extraescolares competitivas?¿Comportamiento ante sus pares, y más respetar los designios del entrenador de su hijo?
1. Ejercer de maestros Son muchos los padres que ayudan a sus hijos a hacer creer que son invencibles, y constantemente deben estar en PLAN de triunfo, y tratar de enseñar lo que su profesor no ha explicado. Sin embargo, psicólogos, y profesores de Educación Física coinciden en que es un error pretender ser padre y maestro a la vez, entre otras razones porque acostumbra a provocar situaciones conflictivas prácticamente a diario con su profesor y compañeros y el tiempo de juego se convierte en una tortura para padres e hijos. Además, "si los niños se acostumbran desde pequeños a tener a alguien por encima de ellos en momento de competencia se vuelven dependientes y en lugar de desarrollar la necesaria proactividad en su juego, se relajan y esperan, y acaban necesitando a alguien que les tutorice constantemente".
2. Querer un Eduardo ROSS o un Javier NICOSIA. "Un rasgo muy habitual en las familias actuales pelotari es el afán de sobreestimular a los niños, desde bebés, para que desarrollen rápidamente sus capacidades, y eso se traduce en llenar la cuna de artilugios, en un abuso de los juegos didácticos, en querer que sepan tirar “la reja” o bien despedir “una cascada” con solo cuatro años o en apuntarles a un montón de actividades extradeportivas para descubrir y potenciar su talento", este afán de que estén al corriente de muchas cosas y cuanto antes mejor provoca una sobreestimulación que, lejos de lograr una evolución cognitiva más rápida y talentos por encima de lo normal, suele tener efectos contraproducentes en forma de problemas de atención, de falta de concentración, de hiperactividad…
Esta aspiración generalizada de hijos-genios dificulta, por otra parte, que algunos padres asuman la capacidad real de sus hijos o acepten sus limitaciones. "Abundan los casos donde el nivel de exigencia de los padres supone un listón demasiado alto para el niño en cuestión y eso puede provocar desmotivación, crecientes resistencias e incluso una baja autoestima que haga cada vez más difícil todo lo relacionado con el estudio".
3. Focalizar todo en la pelota. Aseguremos que una frase muy reiterada entre los pelotaris es: "Mis padres sólo se interesan por mi rendimiento deportivo; lo demás no les importa nada". La queja no siempre es objetiva, pero los psicólogos aseguran que refleja fielmente lo que ocurre en algunas familias, en especial cuando surgen dificultades o los hijos no obtienen los resultados deportivos esperados.
"El TRINUFO, ocupa el mayor porcentaje de las preocupaciones familiares y, por tanto, de las conversaciones del día a día, y muchos padres hacen que los TRIUNFOS DEPORTIVOS monopolicen la vida de los hijos; y si bien lo deportivo es la actividad que más tiempo les ocupa y la mayor responsabilidad de los chicos, son también esenciales otras muchas facetas de desarrollo, como el estudio, todo tipo de actividades lúdico culturales, el ocio, los planes y las responsabilidades familiares, los amigos y las relaciones sociales, la afectividad dentro y fuera del ámbito de la familia…",
4. Premiar los triunfos, Un recurso habitual de los padres para animar a los hijos a continuar participando, es prometerles grandes regalos, o viajes inolvidables, u observar un CAMPEONATO ARGENTINO de su modalidad si ganan o si se colocan en buenas posiciones. Sin embargo, los especialistas en DEPORTES lo consideran un error. "Si buscamos estímulos de este tipo, es que algo falla, porque el niño no debería necesitar premios externos y materiales para disfrutar con el aprendizaje; su mejor estímulo debería ser descubrir cosas nuevas, plantearse retos y desarrollar sus intereses".
Considero que los TRIUNFOS se han de elogiar, aplaudir e incluso celebrar, pero nunca comprar, porque se convierte al niño en esclavo del estímulo material y, si a pesar de la recompensa prometida no triunfa, su sensación de fracaso y su malestar es mayor porque además de no conseguir su meta DEPORTIVA se ha quedado sin regalo.
5. Disfrazar la falta de esfuerzo de trastorno Otra conducta recurrente y negativa entre los progenitores es, según los expertos, buscar siempre trastornos neurológicos detrás de los fracasos deportivos de sus hijos. "Hay muchos niños que son incapaces de esforzarse en hacer la parte práctica de entrenamiento, solo les interesa jugar partidos y displicentemente, donde vive tirando bolas que nunca aplicará en un TORNEO NACIONAL, porque son vagos, y eso es inmadurez, no un trastorno mental, y a veces se intenta disfrazar esa vaguería como intolerancia a la frustración o intolerancia al estrés cuando lo que tienen es falta de autonomía. Los chicos que no son capaces de esforzarse con las tareas físicas de entrenamiento, también son incapaces de ordenar su habitación, de prepararse el bocadillo de la merienda o de calentarse la comida cuando regresan de su entrenamiento..
… "el error de los padres es no darse cuenta de que detrás de la falta de esfuerzo y motivación por su preparación física lo que existe es una inversión de prácticamente todo su tiempo en ocio, especialmente en ocio tecnológico, que es el que hoy impera y dificulta su dedicación a otras tareas".
6. Impaciencia Esta actitud frecuente y perniciosa es querer ir demasiado deprisa en lo que se refiere al aprendizaje, en vez de entender la educación de su disciplina pelotari como un proceso a largo plazo. La impaciencia de los padres, dicen los expertos, se traduce en tratar de que juegue con ambas manos, o arrojar cascadas y cortadas, o una san Sebastián inolvidable, cuanto antes, en que comiencen TIRAR sin haber competido, en acelerar los procesos de aprendizaje de las operaciones sin respetar los ritmos de su profesor - idóneo… "Ese afán de que sepan muchas cosas y cuanto antes es un error”.
La impaciencia de los padres provoca que se desesperen ante las primeras dificultades en los confrontamientos o los primeros malos resultados, sin tener en cuenta que las dificultades y los errores son inherentes al aprendizaje y los niños lo que necesitan es paciencia y ánimo para continuar trabajando durante toda la etapa deportiva pelotari. "Los padres no deberían considerar esos malos resultados como un fracaso, porque ello reduce la autoestima de los hijos e incapacita cada vez más a unos y otros", indica.
7. No respetar la línea de la escuelita pelotari, Algunos padres, movidos por la impaciencia, intentan enseñar a sus hijos a jugar, calcular por sus propios métodos, o les ponen tareas de refuerzo en casa (sobre todo en la mano izquierda, tipo película KARATE KID), sin tener en cuenta que quizá están interfiriendo en el ritmo o el método pedagógico que sigue la el profe de la escuelita. "Los padres deben plantearse a qué escuelita llevan a sus hijos, asegurarse de que comparten las mismas ideas, y luego ir trabajando en paralelo, acompañando a sus hijos en el aprendizaje pero con cierto respeto al proceso que siguen en la escuelita para educar en la misma dirección y no dar al niño mensajes diferentes”.
8. Proyectarse en los hijos Otro error bastante reiterado de los padres es pensar que el modelo y los métodos educativos que les sirvieron a ellos van a servir a sus hijos. "La escuelita pelotari han cambiado mucho a los niñosque aprenden pelota, y lo que a ti te gustaba cuando jugabas o lo que tú aprendías entonces con ver o un adulto en la cancha te enseñaba, no tiene por qué ser un modelo de éxito para tus hijos".
9. Cuestionar a los profesores No apoyar a los maestros, mostrar constantemente el desacuerdo con el profesor en presencia de los hijos, es otra conducta errónea de algunos padres. "Los profesores han reducido su capacidad para imponer la necesaria disciplina de los alumnos en la cancha y no ayuda precisamente que tengan a los padres enfrente o en contra en vez de al lado, pues el alumno, aprovechándose de esa situación, consigue manipular y poner en contra a unos y otros cuando el objetivo que persiguen es exactamente el mismo". Añado que los profesores tienen una visión privilegiada de los alumnos que en ocasiones no se corresponde con su comportamiento y su actitud en casa, y que a los padres les conviene conocer. "La complicidad entre padres y profesores, el compartir información, puede ayudar a que el niño progrese adecuadamente tanto a nivel deportivo como en lo que se refiere a su actitud y comportamiento", enfatiza dentro y fuera del reducto de juego.
10. Solventarles los problemas Otro comportamiento habitual y erróneo de los padres, según los profes, es solventar los problemas de organización de sus hijos. "A las siete de la tarde el niño dice que faltan sus antiparras para jugar, y mandamos al abuelo que vaya corriendo a comprar una antiparra , digo que hay que dejar que los hijos afronten esos problemas solos "aunque eso suponga llegar a la práctica tarde y que lo dejen fuera de partido, porque si de mayor llega tarde a la declaración de la renta le aplicarán un recargo, por mucho que diga que el banco se retrasó en enviarle el extracto de sus cuentas; así es la vida, y han de aprender a organizarse y solucionar sus problemas desde pequeños".
Los “BUENOS PROFES “deben rechazar la conducta permisiva de algunos padres que justifican los fracasos o errores de los hijos ante él y la escuelita alegando siempre una causa exterior o bien cuestionando la dificultad de conseguir, haciendo prevalecer la idea que “el profe” deberá ocuparse del material deportivo de sus alumnos.
11. Vincular las tareas a castigos "Castigado no ir a la cancha sino haces los deberes" o "hasta que no acabes de leer no podrás ir a jugar pelota," son frases habituales en muchas casas pero que, según los educadores, deberían erradicarse. En primer lugar, explican, porque el tiempo de realizar las tareas escolares debería ser un tiempo de tranquilidad y sosiego para trabajar, no de regañinas. En segundo lugar, porque el objetivo debe ser educar a los niños en el placer del DEPORTE o del ESTUDIO y no convertir esas actividades en un castigo.