-“el pulpo” Roberto MEDIZA nos acerca una historia de DIARIO,… “Un amigo pelotari del PRADO ESPAÑOL” -Nelson BERENGAN “papelito”, un tipo que vale la pena -

*"el pulpo" MEDIZA y su CUMPA

- Nelson BERENGAN -
...No pocas veces calificamos a alguien más por su aspecto que por sus valores. Nelson, conocido comerciante, ex arquero de All Boys, es de los que ocultan detrás de un rostro serio una persona sensible.

«Papelito» era el apodo de un conocido payaso bonaerense, que armó su circo tejiendo la lona con bolsas de arpillera… Y «Papelito» es el apodo que se ganó -impensadamente- este hombre que tiene poco de mimo, o de histriónico y que, en todo caso, muestra un perfil mucho más adusto, quizás más huraño… sin embargo en el fondo de su alma esconde un tipo bueno, sensible, aunque él mismo muchas veces crea que no es conveniente mostrar ese perfil.
Nelson Marcelo BERENGANn (60), que de él se trata, es un reconocido comerciante de la ciudad -dedicado a la venta de aberturas desde hace muchos años-; que tiene vinculación con la sociedad santarroseña, además, por su relación con el deporte. Principalmente con el fútbol, pero también con el básquet -otra disciplina que supo llevar adelante como jugador (frustrado, suspendido por mucho tiempo en su ciudad natal), y como dirigente. Precisamente en básquet se destacó su hijo Tomás, aunque ahora ya no compite, circunstancia que lo llevó a acercarse un tiempo al Club Estudiantes.

Un tipo que vale la pena
Siempre digo que viviendo en colectividad, rodeado de gentes, habrá quienes vean en cada uno de nosotros determinado perfil de personas. Y deduzco también que -así las cosas- nadie tiene siempre toda la tribuna a favor… que así como habrá quienes nos valoran y nos pueden llegar a estimar; también están los que -conociéndonos o no- nos señalan por esto o por aquello. Así son las cosas…
Nelson no escapa a las generales de la ley. Están los que advierten detrás de su rostro a veces algo hosco -que quizás oculta una disimulada timidez- un tipo que vale la pena… de esos que son capaces de jugarse por los amigos, que tiene incorporado los códigos del barrio, que es además un comerciante honesto que -pese a todo- le hace frente a los avatares y vaivenes económicos de este país, y sobrevive con su comercio ubicado sobre avenida Luro… hace casi 35 años.

Ancestros italianos
Repito asiduamente que detrás de cada uno de nosotros se esconde un personaje -al menos será así para algunos-, y que todos tenemos características particulares que pueden interesarles a otra gente. Es el caso de «Papelito» Berengan. Si bien sus padres son argentinos, reconoce ancestros italianos porque el abuelo Augusto era nacido en la zona de Florencia, en tanto la abuela Pulqueria era nacida en Portugal: «Dicen que se conocieron en un puerto, en San Pablo, y se vinieron para estos lados», resume.
El papá de Nelson se llamaba Ángel Federico, era tesorero bancario y tenía además un corralón de materiales de construcción; mientras la mamá se llama Elia Edith (83), y continúa en Trenque Lauquen. «Mi padre murió hace 16 años -precisa-, y había sido arquero de Argentino de su ciudad; y mamá era de Francisco Murature, al lado de Villa Maza», completa Nelson.

La familia
«Papelito» tiene dos hermanas, Silvia y Andrea; y es casado con Lía Aurora, docente que trabajó en el Jardín del Santo Tomás, y hoy lo hace en el Colegio Mabel Peralbo. «Ella se fue un año a estudiar Kinesiología, pero volvió y decidimos casarnos. Es una gran compañera», la elogia. El matrimonio tiene dos hijos, Tomás (32) -se fue a Buenos Aires a estudiar Economía, pero hoy es instructor de yoga y le va muy bien con esa actividad-, y Estefanía… «Le decimos Pepa, es socióloga y está viviendo en La Plata». El varón le dio hasta ahora el único nieto, Aurelio, que tiene dos años, y que es la locura de los abuelos: «Lo quiero hacer de Boca… pero es de Ríver como la mamá», dice y se ríe.

Nelson, el arquero
Llegó a Santa Rosa por el fútbol: «De chico ya era arquero porque mi papá también había atajado… así que por eso, y porque me gustaba el Loco Gatti fui al arco».
Los campeonatos de baby fútbol de aquella época, el debut en la primera de Argentino de Trenque Lauquen, muy jovencito, y después un par de tentativas en Rácing primero, y más tarde en Boca donde el probador era el Tano Roma (gloria del arco boquense). En los dos clubes había quedado, pero no aguanté y me volví… Yo en Trenque estaba muy bien, y seguí jugando ahí, me empecé a entrenar con Roberto Larrubia, que fue arquero de Ferro de Caballito, y me enseñó muchísimo… en tanto iba alternando con el básquet», sintetiza.
¿Cómo atajaba? Era confiable, sólido, rápido de piernas y reflejos, pero tenía el defecto del carácter que alguna vez lo traicionó y le hizo ganar más de una expulsión. Y lo admite.

Primeros años
En su ciudad hizo la primaria y después el Colegio Nacional: «Un alumno regular… pero eso sí hacía todos los deportes… jugué fútbol, básquet, pelota a paleta, tenis, y además fui petisero de polo. ¡Completo!», se ríe.
«Al básquet me inicié en Carapachay, muy popular allá, un club que quedaba enfrente de mi casa, y después pasé a Argentino. Ah!, y también hice un poco de boxeo… pero perdía siempre. Me acuerdo que ahí me hice amigo de Horacio Cabral (gran boxeador que iba rumbo a ser campeón del mundo y falleció en un accidente en la ruta)… Me acuerdo que el Negro andaba en una Multicarga y atrás un carrito en el que llevaba su moto», evoca.
Es evidente que Nelson siente nostalgias por aquellos tiempos, donde «se vivía con más tranquilidad, donde me parece que la gente era más feliz y con nada nos arreglábamos… no había televisión, computadoras ni celulares… Eran épocas de disfrutar del deporte, los amigos y las salidas», resume.

Llegada a Santa Rosa
Vino a Santa Rosa en 1985 porque el padre «ya tenía negocio, en Avenida Uruguay-España, casi Ameghino… Después se pasó al rubro aberturas y se instaló en calle Villegas: me acuerdo que fue proveedor cuando se construyeron los barrios Atuel y Butaló, en Santa Rosa», precisa.
Pero Nelson vino «a jugar al fútbol… Arreglé justo cuando a All Boys llegaba como director técnico Eleazar Tercilla… El Gordo era un personaje que había jugado en Independiente de Avellaneda, y se armó un gran equipo, con Yoyi Paghouapé, Carlitos Aymú, Oveja Rodríguez, Parrala Díaz, el Chueco Ramírez, Julio Barrera y Ocampo Díaz; y después se sumaron algunos chicos como Luis Arbinzetti, Marcelo Monge, Topo González, Mingo Moreno y Cococho Rodríguez. Creo que el mejor momento fue en el ’85, porque congeniábamos mucho…», rememora.

Le quedó «Papelito»
«Fue el Gordo Tercilla el que me puso ‘Papelito’, porque cuando vine a Santa Rosa detrás de donde vivíamos, en Chaco al 700, había un circo que se llamaba así. Y me quedó…».
Admite que «el deporte me ayudó a socializar, a integrarme… si hasta terminé jugando básquet un año en Sportivo Toay, con algunos amigos como Daniel Mocca, Claudio Alou y algunos otros… Nos había venido a buscar ‘Manija’ Zelarrayán, y jugamos la Liga de Santa Rosa: anduvimos bien, peleando el torneo con Estudiantes. Era un poco raro porque la directora técnica fue ‘Piyi’ Colla, la ahora ex diputada…», aporta.
En el fútbol lugareño iba a tener un breve paso por General Belgrano… «era un torneo que cuando se empataba se definía el partido por penales… ¿y sabés? Yo no atajaba ninguno, y Claudio Alou que pateaba no metía uno. Imaginate cómo nos fue», se ríe con ganas…

Berengan, el comerciante
Indudablemente que su padre se haya dedicado a la actividad comercial, debe haber influido para que Nelson siguiera ese camino: «Al principio no lo había pensado, y vine solamente a jugar, pero casi desde que llegué me hice de amigos como Horacio Camacho, Chimbo Moslares, el Gordo Felice, San Pedro, Miguel Holstein, casi todos dirigentes del club, que me hablaban de la posibilidad de abrir un negocio en Santa Rosa, con la ayuda de ellos y el respaldo de mi viejo», explica.
No pocas veces calificamos a alguien más por su aspecto que por sus valores. Nelson, conocido comerciante, ex arquero de All Boys, es de los que ocultan detrás de un rostro serio una persona sensible.
…..«Papelito» era el apodo de un conocido payaso bonaerense, que armó su circo tejiendo la lona con bolsas de arpillera… Y «Papelito» es el apodo que se ganó -impensadamente- este hombre que tiene poco de mimo, o de histriónico y que, en todo caso, muestra un perfil mucho más adusto, quizás más huraño… sin embargo en el fondo de su alma esconde un tipo bueno, sensible, aunque él mismo muchas veces crea que no es conveniente mostrar ese perfil.
Nelson Marcelo Berengan (60), que de él se trata, es un reconocido comerciante de la ciudad -dedicado a la venta de aberturas desde hace muchos años-; que tiene vinculación con la sociedad santarroseña, además, por su relación con el deporte. Principalmente con el fútbol, pero también con el básquet -otra disciplina que supo llevar adelante como jugador (frustrado, suspendido por mucho tiempo en su ciudad natal), y como dirigente. Precisamente en básquet se destacó su hijo Tomás, aunque ahora ya no compite, circunstancia que lo llevó a acercarse un tiempo al Club Estudiantes.

Un tipo que vale la pena
Siempre digo que viviendo en colectividad, rodeado de gentes, habrá quienes vean en cada uno de nosotros determinado perfil de personas. Y deduzco también que -así las cosas- nadie tiene siempre toda la tribuna a favor… que así como habrá quienes nos valoran y nos pueden llegar a estimar; también están los que -conociéndonos o no- nos señalan por esto o por aquello. Así son las cosas…
Nelson no escapa a las generales de la ley. Están los que advierten detrás de su rostro a veces algo hosco -que quizás oculta una disimulada timidez- un tipo que vale la pena… de esos que son capaces de jugarse por los amigos, que tiene incorporado los códigos del barrio, que es además un comerciante honesto que -pese a todo- le hace frente a los avatares y vaivenes económicos de este país, y sobrevive con su comercio ubicado sobre avenida Luro… hace casi 35 años.

Ancestros italianos
Repito asiduamente que detrás de cada uno de nosotros se esconde un personaje -al menos será así para algunos-, y que todos tenemos características particulares que pueden interesarles a otra gente. Es el caso de «Papelito» Berengan. Si bien sus padres son argentinos, reconoce ancestros italianos porque el abuelo Augusto era nacido en la zona de Florencia, en tanto la abuela Pulqueria era nacida en Portugal: «Dicen que se conocieron en un puerto, en San Pablo, y se vinieron para estos lados», resume.
El papá de Nelson se llamaba Ángel Federico, era tesorero bancario y tenía además un corralón de materiales de construcción; mientras la mamá se llama Elia Edith (83), y continúa en Trenque Lauquen. «Mi padre murió hace 16 años -precisa-, y había sido arquero de Argentino de su ciudad; y mamá era de Francisco Murature, al lado de Villa Maza», completa Nelson.

La familia
«Papelito» tiene dos hermanas, Silvia y Andrea; y es casado con Lía Aurora, docente que trabajó en el Jardín del Santo Tomás, y hoy lo hace en el Colegio Mabel Peralbo. «Ella se fue un año a estudiar Kinesiología, pero volvió y decidimos casarnos. Es una gran compañera», la elogia. El matrimonio tiene dos hijos, Tomás (32) -se fue a Buenos Aires a estudiar Economía, pero hoy es instructor de yoga y le va muy bien con esa actividad-, y Estefanía… «Le decimos Pepa, es socióloga y está viviendo en La Plata». El varón le dio hasta ahora el único nieto, Aurelio, que tiene dos años, y que es la locura de los abuelos: «Lo quiero hacer de Boca… pero es de Ríver como la mamá», dice y se ríe.

Nelson, el arquero
Llegó a Santa Rosa por el fútbol: «De chico ya era arquero porque mi papá también había atajado… así que por eso, y porque me gustaba el Loco Gatti fui al arco».
Los campeonatos de baby fútbol de aquella época, el debut en la primera de Argentino de Trenque Lauquen, muy jovencito, y después un par de tentativas en Rácing primero, y más tarde en Boca donde el probador era el Tano Roma (gloria del arco boquense). En los dos clubes había quedado, pero no aguanté y me volví… Yo en Trenque estaba muy bien, y seguí jugando ahí, me empecé a entrenar con Roberto Larrubia, que fue arquero de Ferro de Caballito, y me enseñó muchísimo… en tanto iba alternando con el básquet», sintetiza.
¿Cómo atajaba? Era confiable, sólido, rápido de piernas y reflejos, pero tenía el defecto del carácter que alguna vez lo traicionó y le hizo ganar más de una expulsión. Y lo admite.

Primeros años
En su ciudad hizo la primaria y después el Colegio Nacional: «Un alumno regular… pero eso sí hacía todos los deportes… jugué fútbol, básquet, pelota a paleta, tenis, y además fui petisero de polo. ¡Completo!», se ríe.
«Al básquet me inicié en Carapachay, muy popular allá, un club que quedaba enfrente de mi casa, y después pasé a Argentino. Ah!, y también hice un poco de boxeo… pero perdía siempre. Me acuerdo que ahí me hice amigo de Horacio Cabral (gran boxeador que iba rumbo a ser campeón del mundo y falleció en un accidente en la ruta)… Me acuerdo que el Negro andaba en una Multicarga y atrás un carrito en el que llevaba su moto», evoca.
Es evidente que Nelson siente nostalgias por aquellos tiempos, donde «se vivía con más tranquilidad, donde me parece que la gente era más feliz y con nada nos arreglábamos… no había televisión, computadoras ni celulares… Eran épocas de disfrutar del deporte, los amigos y las salidas», resume.

Llegada a Santa Rosa
Vino a Santa Rosa en 1985 porque el padre «ya tenía negocio, en Avenida Uruguay-España, casi Ameghino… Después se pasó al rubro aberturas y se instaló en calle Villegas: me acuerdo que fue proveedor cuando se construyeron los barrios Atuel y Butaló, en Santa Rosa», precisa.
Pero Nelson vino «a jugar al fútbol… Arreglé justo cuando a All Boys llegaba como director técnico Eleazar Tercilla… El Gordo era un personaje que había jugado en Independiente de Avellaneda, y se armó un gran equipo, con Yoyi Paghouapé, Carlitos Aymú, Oveja Rodríguez, Parrala Díaz, el Chueco Ramírez, Julio Barrera y Ocampo Díaz; y después se sumaron algunos chicos como Luis Arbinzetti, Marcelo Monge, Topo González, Mingo Moreno y Cococho Rodríguez. Creo que el mejor momento fue en el ’85, porque congeniábamos mucho…», rememora.

Le quedó «Papelito»
«Fue el Gordo Tercilla el que me puso ‘Papelito’, porque cuando vine a Santa Rosa detrás de donde vivíamos, en Chaco al 700, había un circo que se llamaba así. Y me quedó…».
Admite que «el deporte me ayudó a socializar, a integrarme… si hasta terminé jugando básquet un año en Sportivo Toay, con algunos amigos como Daniel Mocca, Claudio Alou y algunos otros… Nos había venido a buscar ‘Manija’ Zelarrayán, y jugamos la Liga de Santa Rosa: anduvimos bien, peleando el torneo con Estudiantes. Era un poco raro porque la directora técnica fue ‘Piyi’ Colla, la ahora ex diputada…», aporta.
En el fútbol lugareño iba a tener un breve paso por General Belgrano… «era un torneo que cuando se empataba se definía el partido por penales… ¿y sabés? Yo no atajaba ninguno, y Claudio Alou que pateaba no metía uno. Imaginate cómo nos fue», se ríe con ganas…

Berengan, el comerciante
Indudablemente que su padre se haya dedicado a la actividad comercial, debe haber influido para que Nelson siguiera ese camino: «Al principio no lo había pensado, y vine solamente a jugar, pero casi desde que llegué me hice de amigos como Horacio Camacho, Chimbo Moslares, el Gordo Felice, San Pedro, Miguel Holstein, casi todos dirigentes del club, que me hablaban de la posibilidad de abrir un negocio en Santa Rosa, con la ayuda de ellos y el respaldo de mi viejo», explica.

«Con ayuda, me fue bien»
Más allá de las dificultades que -cíclicamente- nos depara enfrente nuestro bendito país -casi como un ponernos a prueba en forma permanente-, Berengan sostiene que «de alguna manera lo pudimos soportar. Puedo decir que comercialmente me fue relativamente bien, y he tenido más alegrías que tristezas…».
Y en ese análisis no deja de considerar las ayudas que recibió: «No me puedo quejar, de verdad… siempre sentí el respaldo del Banco de La Pampa; de otros amigos que me dieron una mano; de algunos arquitectos… Sí, puedo decir que he sentido aquí que los santarroseños son solidarios».

Los años de Macri
Cabe agregar que -aunque no en estos últimos cuatro años del macrismo- en La Pampa se construyeron muchas viviendas sociales, pero Berengan no intervino en licitaciones para esos barrios. «Sí he vendido mucho a particulares… Es cierto que este tiempo resultó complicado… sobre todo los dos últimos años que los sufrimos bastante: Hubo una crisis muy profunda del sector de la construcción, creo que como nunca antes. ¿Qué hicimos ante este contexto? Nos ayudamos entre nosotros y como pudimos fuimos capeando la situación», comenta.
Nelson agrega que «siempre traté de manejarme con seriedad desde lo comercial, y a lo mejor si tengo que reprocharme algo es que no tuve la audacia suficiente para hacer este negocio más grande de lo que es… me conformé, no soy ambicioso, y con seguridad puedo decir que he preferido perder plata para ganar amigos», sintetiza.

Amor por Trenque
Si bien está radicado en Santa Rosa cualquiera diría que definitivamente, el mismo Nelson lo pone en dudas: «»Porque amo Trenque Lauquen, y voy casi todos los fines de semana… al principio, cuando jugaba al fútbol me iba en el camión de encomiendas de El Pampero, que me esperaba que terminara el partido y me dejaba a la entrada… Ahora mismo, a veces, se me da por pensar en volverme», expresa.
En Santa Rosa vivió junto a su esposa en la calle Márquez al principio, hasta que se hizo su propia vivienda en Julio Verne, entre Rubio y Toscano.

Belgrano y Estudiantes
Cuenta Nelson que con la gente del club de Villa Alonso mantiene muy buenas relaciones, aunque se reconoce fana de All Boys, e incluso integró su subcomisión de fútbol y ahora mismo la comisión directiva. «La verdad es que en general trato de colaborar con todas las instituciones que puedo… por ejemplo en Estudiantes estuve cercano al básquet, porque mi hijo Tomás jugó allí hasta los 17 años», recuerda.

Hay que involucrarse
Después marca lo que, a su criterio, es una gran diferencia entre la ciudad que lo vio nacer y Santa Rosa: «Tienen aspectos similares, pero con distintas actividades. Trenque se recuperó de las inundaciones, y crece porque el campo vuelca su riqueza a la ciudad. Aquí la gente depende mucho del Estado, y es más fácil tocar la puerta de Casa de Gobierno… a lo mejor de otra forma habría mejores dirigentes en todo aspecto. Pero algo más, me parece que aquí la gente tiene miedo a involucrarse… los ex jugadores se van y no vuelven a los clubes», razona.
No obstante se encarga de resaltar que «aquí hay gente muy valiosa… inteligente, como Carlitos Pessi, o Roberto Nevares. Son gente joven, con ideas, y hacen falta muchos más como ellos», opina.

Confianza en los que vienen
¿La política? «No me gusta para hacerla yo, y por mi temperamento no me sería fácil. Aunque tengo muchos amigos… a Sergio Ziliotto le tengo confianza: vino a Santa Rosa más o menos en la misma época que yo, y es muy trabajador. En cuanto a Luciano (Di Nápoli) también creo que es una persona inteligente que va a levantar la ciudad, aunque no le va a resultar fácil», analiza. Cabe señalar que con el actual intendente de la ciudad compartieron la comisión directiva auriazul…

Una deuda con Lía
Después habla de lo que está por venir: «Quiero lo que todos… un país mejor, que mis amigos estén bien. Y me alegra ver mucha gente que la sigue peleando y tiene ganas de hacer cosas. En cuanto a mis hijos, gracias a Dios están bien… los dos trabajan, están en pareja, y eso es lo que más quiere uno».
Y agrega: «Me gusta la música, el tango, el folklore… y voy a ver los conciertos de la Banda Sinfónica de la provincia con mi señora. Y es verdad que tendría que acompañarla un poco más, y en ese sentido digo que tengo una deuda personal con ella», completa. Lía, con seguridad, tomará debida nota de esta frase… ¿O no?

Nelson, el amiguero
Si bien se puede decir que a Nelson a veces -varias veces- se le ha «saltado la térmica», hay que señalar que -en el fondo- su personalidad tiene poco que ver con el renegado y rezongón que suele querer mostrar… Y por eso vale la pena tener en cuenta su reflexión del final: «Creo que estoy logrando la madurez… estoy convencido que tengo una hermosa familia, un nieto que me vuelve loco… y además los que me conocen saben que soy amiguero, que tengo mi casa siempre abierta para la gente de Trenque y para todos los amigos. Eso es lo que quiero… seguir cosechando amigos y poder ayudarnos mutuamente». Nelson Berengan dixit.

Siempre en el corazón
Hubo momentos en el acontecer de Trenque Lauquen que resultaron verdaderamente traumáticos, y tienen que ver con las inundaciones que avanzaron sobre la ciudad. Fueron dos: en 1983, y en 1985.
Mucha gente de allí debió abandonar sus cosas, y no pocos eligieron venir a vivir a La Pampa. Si bien «Papelito» fue uno de los que llegó en 1985 no lo hizo precisamente por la catástrofe que aquejaba a su pueblo, aunque de igual manera la sufrió porque sus cosas más queridas -y muchos de sus afectos-, debieron soportarla.
«En esa época, 1985, yo ya tenía el negocio en Santa Rosa… llovieron 240 milímetros en 6 horas, se cortó la Ruta 5, y desde Buenos Aires fuimos los últimos que pasamos con el camión… veníamos atrás de otro más grande, que abría un surco en el agua y nos mandábamos», rememora.
Y cuenta: «Fue terrible, porque desbordaron las lagunas de las Encadenadas, llegaba agua del Río V, y cada vez llovía más… La inundación llegó hasta unas 10 cuadras de la plaza, a las vías del ferrocarril. Hubo pueblada, la gente levantó un terraplén, y se desviaba el caudal a Primera Junta… pero se inundaron en esa época Juan José Passo, Madero, Pehuajó…».
En lo familiar -impensadamente- la situación iba a derivar en una cuestión difícil de olvidar. «Mi papá me traía el material de carpintería en la camioneta, cuando estaba inundada la Ruta 5… una vez pinchó una goma y tuvo un gran disgusto… después de eso le agarró un ACV, y anduvo con problemas hasta hace 16 años que falleció», recuerda Nelson.
«Aquí en Santa Rosa hubo quienes consiguieron trabajo en Calzar, y muchos se quedaron para siempre», dice con cierta tristeza.
Va recurrentemente -«a visitar a mi suegra, Tita», dice- y ve a algunos amigos, «los domingos a la mañana, en el club El Progreso».
«Allá también tengo mis hermanas, Silvia, compañera, la que siempre me ayudó y vive para sus sobrinos; y la mamá de estos dos -Álvaro y Víctor-, Andrea, que es la menor, la que me hace las comidas que me gustan. Confieso que Trenque Lauquen está muy dentro de mi corazón», confiesa como si hiciera falta.

Festejando con lechón
Nelson tiene algunas anécdotas, sobre todo vinculadas al fútbol. Un par, imperdibles. «Una vez la gente de Atlético Santa Rosa, cuando entramos a la cancha con All Boys nos tiró con un lechón… El Gordo Tercilla (el entrenador) nos dio la orden: ‘¡Lo traen, vivo o muerto!… Y allí fuimos todo el plantel, hasta que lo agarramos… Ganamos, y esa noche festejamos, imaginen cómo…», y suelta la carcajada.
Otra la cuenta Jorge Dlouky: «Un día, en un partido en Winifreda, atajando ‘Papelito’ para Belgrano había un par de tipos que subidos a la caja de una camioneta le decían de todo, lo gastaban… hasta que Berengan se calentó: ‘cuando termine el primer tiempo voy para ahí’, les dijo. Efectivamente, sin que nadie se diera cuenta apareció atrás de estos dos tipos… agarró una escoba que tenían en la camioneta y los corrió a escobazo limpio… La gente se mataba de risa», narra el contador.

Un deseo pelotari

...Esperando operarme la mano, y que pueda ir en mi luego de mi recuperación a diputar con mi "cumpa" Roberto "pulpo" MEDIZA, y su increíble GRUPO PELOTARIS, del PRADO ESPAÑOL, y sacudirle a "la negrita" en el horario de torcazas y chicharras los lunes, miércoles y viernes tipo 14 hs,..La verdad no veo la hora de estar alli, aparte son un  GRUPO MUY GRANDE de varios amigos... 

Roberto "pulpo" MEDIZA