- Javier "007" NICOSIA y un clic necesario para transmitir un legado -

*EL GRAN 007*

El pelotaris cordobés se retiró de la competencia internacional y ahora es entrenador del seleccionado. Una decisión forzada que tiene “su parte linda”.
los 40 años, Javier Nicosia está “tratando de cambiar” su temperamento. Su vida deportiva estuvo siempre signada por su competitividad y deseo de ganar. Y eso también marca su faz recreativa. “Yo no sé jugar para divertirme. Aunque sea al fútbol, que soy de madera total, quiero ganar”.


Por eso ahora, más maduro y ya retirado de la competencia internacional, el pelotaris máximo ganador de campeonatos argentinos de Primera Categoría se replantea esa condición que, en realidad, identifica en él desde los 9 años cuando jugó su primer certamen nacional.

En la tribuna de aquel Argentino disputado en Buenos Aires estaba su abuelo, de quien heredó la pasión por la pelota paleta. Eran 33 duplas en competencia, pero él se hizo “el canchero en un partido que tenía que ganar”, perdió y fue a parar al fondo de la clasificación. “Acabé 30° ese torneo. Y no me gustó nada estar ahí. Desde entonces, sólo quise ganar para superarme. Siempre apuntaba a más”.

Pasaron dos años para que el pequeño Javier lograra su primer triunfo nacional en el frontón. Lo hizo a los 11 en Casilda, cuando los ‘90 amanecían. “Fue de preinfantiles. Me acuerdo que además de ganar, fui elegido mejor jugador de ese torneo. Y desde que gané eso, siempre soñé con ganar todo lo que se me fuera dando. Y cuando gané otro, quise otro más, y después quise ganar mundiales…”, remarca el dueño de cuatro campeonatos ecuménicos de mayores, uno Sub 22 y cinco copas del mundo.

“Yo siempre fui de querer revancha. A lo bueno y lo malo que me pasaba dentro de una cancha le fui encontrando la enseñanza para mejorar”, dice el cordobés. Por eso, explica, le cuesta encontrar cuál fue ese momento que lo marcó en su carrera deportiva. “Cada paso que di me marcó para lo que siguió”, sentencia.

Decisión forzada

Sin embargo, hay un momento en la vida deportiva de Javier Nicosia que no pasa inadvertido. Ni en su relato ni en su cotidianidad. Y es su retiro de la competencia internacional como jugador.

Sin consuelo. Javier sufre la lesión en el Mundial 2018. Lo sufre desde lo físico y desde lo emocional. (Gentileza Javier Nicosia)

Sin consuelo. Javier sufre la lesión en el Mundial 2018. Lo sufre desde lo físico y desde lo emocional. (Gentileza Javier Nicosia)
“Aún no termino de hacer el clic”, avisa, mientras se encamina a un gimnasio para poner su físico a punto y desandar otra temporada en la elite del frontón argentino. Es que él sigue jugando, y sigue ganando, y eso le hace pensar que aún tiene hilo en el carretel para competir con la elite mundial.

“En 2018 en Barcelona, en el último Mundial que fui, ya se sorprendían de verme ahí. Pero me había ganado mi lugar dentro de la cancha, aunque hasta desde la Confederación me querían ‘jubilar’”, cuenta.

Sin embargo, su cuerpo le dio un mensaje. “Me desgarré el gemelo derecho en la semifinal. Y sabía que ese podía ser mi último Mundial porque para cuatro años más no me iba a dar. Y me largué a llorar como un chico, como nunca me había pasado”.

Javier salió de la cancha, fue asistido y con una venda de compresión volvió a enfrentar a su rival francés. “Perdía 13-10 en el momento de la lesión. Me puse 13-13 y terminé perdiendo el set 15-13. En el segundo ya no podía más. Me dolía mucho y no me podía ni mover”, recuerda.

“Re caliente” se fue a llorar solo a su habitación, a tratar de digerir lo que le estaba pasando.

La propuesta

“Entró una nueva Comisión Directiva a la Confederación y me propuso que me hiciera cargo de la selección como entrenador de la parte internacional. Lo consulté con mi familia, con los más cercanos, porque yo no estaba decidido. Y todos me dijeron lo mismo: ‘Tantos años que le diste a la selección, ganaste todo lo que jugaste, retirate y cuidá un poco el cuerpo’. Pero cuando estás, siempre querés más”, reconoce.

 

Al final se decidió, y en los recientes Panamericanos de Lima 2019 asumió su primer certamen como entrenador. “Al principio me costó mucho, porque desde afuera se sufre más. Y no lo podía manejar. Quería estar dentro de la cancha. Es una situación rara a la que no me termino de acostumbrar. No termino de hacer el clic”, admite, pero también reconoce:

“Igual le veo también la parte linda, y es que las cosas que fui aprendiendo y que me transmitieron mis referentes, las puedo ahora transmitir yo a los chicos que siguen el camino”.